martes, 20 de febrero de 2018

Gobierno de los niños (Els nens al govern), con Golding al fondo...


Ritos de paso

[A modo de complacencia en la perspicacia con que puedo haber intuido el "desenvolupament" de la "entremaliadura" de los políticos más inmaduros y absurdos que haya conocido nunca, parangonables, en todo caso, con todos aquellos del resto de España con los que puedan asemejarse, que haylos, rescato estas impresiones formuladas en 2012 cuando el Nada Honorable Artur Mas -Ártur en el resto de España para los acomplejados...- botó el tren que había de llevarles a la soñada Ítaca de la independencia -tren gobernado, por cierto, con el timón que le regalo su padre, lo que acaso explique buena parte de lo sucedido de entonces acá- en una operación tan astuta que la astucia anda por ahí avergonzada de la bastarda utilización de su concepto, hecho añicos, ya, para, ahora sí que sí, imposibles usos futuros. El corpus lingüístico tiene eso, es muy sensible a los abusos... ]


Ayer los niños nacionalistas catalanes llevaron a cabo la solemne ceremonia de elección del jefe de la pandilla, delante de las autoridades venidas de un cercano país cuya autoridad medio acatan y siempre discuten. El niño alfa de la panda se llenó los pantalones de solemnidad, para que le pesara la gravedad del en-cargo y apretó la generosa mandíbula para mejor expresar la trascendencia náutica del momento, porque el niño alfa ha escogido como emblema de su mandato el de Gran Timonel, que para eso guarda en su casa un timón que le regaló su papá y que instalará, en breve, en su despacho del Palau. La pandilla invitó al jefe de la pandilla del lejano país, quien delegó en un lugarteniente, pero también invitó a los jefes de otras pandillas del barrio con  las que anda siempre a la greña, aunque ahora anda pidiendo su apoyo para una travesía que dice que es la Gran Travesía, la definitiva, la que hará que el mar emerja y se separe del resto de la península el rincón noreste donde juegan los niños nacionalistas. Hubo caritas solemnes, alguna lagrimilla sosona y para que no se viera al jefe de la pandilla del cercano país, lo escondieron detrás de una tela negra, porque todos los niños saben que si se tapan la cara la realidad deja de existir, o si tapan el símbolo de la misma, claro. Ninguna de las autoridades del cercano país presentes en el acto entendió el fundido en negro del monarca como un desprecio al Jefe del Estado y asistieron a la ceremonia de principio a fin, en vez de coger las de Villadiego y provocar el primer conflicto diplomático de la legislatura por venir. Al final, cantaron la canción de la banda y se salió al patio a presumir de mandato. Tot plegat, llastimós.

viernes, 9 de febrero de 2018

La "revolución" de los guásaps...homiléticos.



La involución de las renuncias a favor de la grey...

Desde que comenzó a gestarse allá por 2012 lo que se ha llamado de muchas maneras y no ha cuajado más que en daños judiciales y huidas de opereta a reinos extranjeros, la clase política catalana, por miedo, precisamente, a esos reveses judiciales que ahora sufren, delegó en dos asociaciones bien regadas con dineros públicos la agitación social imprescindible para crear un caldo de cultivo que permitiera, andando el tiempo, lo que han voceado como "plantar cara al Estado español" o "declarar la República Catalana". En lo primero, aún perseveran; en lo segundo, están viendo por sí mismos  a dónde conducen ciertos actos políticos contrarios a Derecho. Me refiero a la ANC, dominada políticamente por DRC y Òmnium Cultural, oxímoron  feroz donde los haya. De todos es conocida la obra de agitación que ha ido conformando una mentalidad parafascista en amplias capas de la población, siguiendo el modelo de deformación nacionalista propio de regímenes como el nacionalsocialismo en la Alemania de finales de los 20 y los 30 del pasado siglo. A nadie se le escapa la labor de divulgación del supremacismo nacionalista que ha calado en un terreno más que abonado al mismo, porque siempre "ha estado ahí" y solo ha necesitado que los dineros públicos regaran abundantemente el parterre para que medrara la flor hedionda del odio. Nos avergüenza a todos los catalanes de buena fe que movimientos de esa perversa naturaleza, como el de Le Pen en Francia, el de Bossi en Italia o el de los "auténticos finlandeses" en Finlandia se hayan convertido en la imagen exterior de Cataluña durante tanto tiempo y con tan onerosa inversión de dinero para conseguirlo. Va cambiando, afortunadamente, la percepción internacional de ese movimiento y ya nadie se equivoca sobre la verdadera raíz filofascista del mismo, es decir, el peligro que supone la extensión de movimientos xenófobos y supremacistas como este para la propia supervivencia de Europa como proyecto político de integración que supere la rémora de los nacionalismos atávicos, de los particularismos identitarios contrarios a los derechos individuales. Atendiendo al requerimiento que hacía Unamuno de que se estudiara lo que él llamaba la "intrahistoria" para determinar la verdadera naturaleza de los fenómenos históricos, he querido fijar mi atención en un fenómeno al que no sé si se le ha dado la importancia real que tiene en la gestación de este endriago disparatado en que se ha convertido el movimiento secesionista catalán: me refiero a las sólidas cadenas de guásaps que han atravesado la geografía catalana sembrando el odio exacerbado y configurando, en forma de homilías laicas, el culto a la nación y a sus representantes en la tierra. Yo conozco el fenómeno no directamente, porque mi alergia a figurar en grupos de guásaps, con la única excepción de la "Sociedad Limitada" que formamos mi Conjunta y yo con nuestros dos hijos, me lo impide. Ella, mi Conjunta, sí que forma parte de dos grupos, uno ultracombativo a favor de la secesión y el otro solo en parte. Gracias a la lectura -y a los indignados comentarios que le seguían, por parte de mi Conjunta- de esos mensajes alienados he podido entender, creo que con razonable fundamento, la mentalidad retrógrada, alienada, religiosa y supremacista que ha caracterizado lo que personajes de la pseudoizquierda como Domènech,  por ejemplo, consideran un fenómeno "progresista". De hecho, la tónica general de esos guásaps no era la de la reflexión política o el comentario personal sobre la situación, sino la mera transmisión de las consignas que los "adeptos al Régimen en proceso de formación" habían de seguir acríticamente. Si la palabra no estuviera ya demasiado deformada, ¡y tan grotescamente!, esos mensajes constituían poco menos que el "argumentario secesionista" para hacer frente a posibles interpelaciones de los "españolistas, unionistas o colonos" en la vida corriente, aunque, dada la virulencia de los mensajes, no era fácil concluir que quienes los recibían y seguían difícilmente podrían "interactuar" con personas que no practicaran su "adhesión inquebrantable a los principios del Movimiento Nacional secesionista". No solo se ordenaba qué televisión se había de ver o qué periódicos leer y  que emisoras de radio escuchar, sino que se pasaban las citas ara caceroladas, manifestaciones o usos de signos combativos, fueran los desdichados lazos amarillos o el merchandising de la ANC, así como a qué horas habían de hacer según qué y qué días habían de hacer cualquier otro disparate que se les ocurriera. A través de esas cadenas de guásaps que habrán creado una red de araña lisérgica en toda Cataluña, se ha ido tejiendo una complicidad en el supremacismo capaz de dar sentido a tantas vidas como las que alimentan, en su último tramo vital, la loca esperanza de ver triunfar un golpe de Estado que, ¡por fin!, las libere de su dependencia de España y de su condición de ciudadanos españoles. Sí, sin la complicidad entusiasta de la tercera edad, y aun de la cuarta y de la quinta -si nos atenemos a San Isidoro de Sevilla- esta demencia social no hubiera prosperado. Las cadenas de guásaps de mi Conjunta son de jubiladas,  personas que en otro tiempo  incluso llegaron a tener un pensamiento propio, o lo más parecido a él que quepa imaginar en una sociedad democrática moderna, y no pocas de las participantes son universitarias, pero se ve que el veneno del nacionalismo no respeta ni la formación ni la sindéresis. Día a día, sobre todo en el ultimo año, me he desayunado, comido y cenado con la lectura de esos disparates que sacaban de quicio a mi Conjunta y la ponían al borde del ataque de nervios, como a mí mismo, aunque siempre defendí que no dejaba de ser una muestra de chochez presenil, porque el formato de catequesis de los mensajes no dejaba lugar a dudas. Bien mirado, es lo único bueno que ha tenido el prusés, potenciar el activismo de tantos viejos, a quienes deseo que el desengaño final no les cause un estrago de salud que los balde, porque todo apunta en esa dirección de la renuncia a la demencia colectiva que ha supuesto el objetivo de crear una República catalana independizada del Reino de España. Sumirse en la masa de forma acrítica y con espíritu tan marcial y obediente como el que hemos visto a lo largo de estos años no podría haber sido posible sin esa red de guásaps que ha reforzado la fe milenarista en la Cataluña ahistórica e inventada con que tantos catecúmenos del nacionalismo han hecho sus pinitos en el mundo de la revolución con red. Las divisiones del secesionismo y la huida de Puigdemont, sin embargo, parecen haber puesto en sordina esa potente red de alienación que poco a poco irá dejando paso a mensajes menos apocalípticos e inmoladores, como las reuniones de antiguas compañeras de trabajo, la celebración de algunas bodas de oro o la recomendación de la lectura de algún artículo que ponga los puntos sobre las íes del infinito desvarío de este prusés que poco a poco está incluso matando a los mensajeros.

lunes, 5 de febrero de 2018

Salarioscurantismo...

Las opacas fuentes de los ingresos, el inviolable santuario del patrimonio...


Hablar de dinero, y más concretamente del salario y del patrimonio es algo que va más allá de lo que solemos entender por privacidad o propiedad privada: cae de lleno en el ámbito de lo sólo equiparable a los "secretos de estado", esto es, a las "cloacas del poder", de las que tan gráfica como maquiavélicamente hablara F.G. en su día. Popularmente suele repatear que el Fisco haya de saberlo todo y quienes pueden, como es público y notorio, se inventan mil artimañas pseudolegales, por personas y/o empresas interpuestas, para volver opaco lo que acaso debiera ser de dominio público. Ni siquiera entre los autodenominados progresistas está bien visto eso de que se sepa "cuánto gana" uno o cuál sea el patrimonio que ha ido acumulando. Nos cruzamos unos con otros por la calle, vecinos, amigos, familiares y desconocidos, y si supiéramos la verdad de esos ingresos nos llevaríamos un chasco tremebundo. Aún recuerdo la estupefacción de un amigo que aprobó las oposiciones a profesor de Secundaria y pasó de ganar 40.000 pesetas a 70.000 cuando se enteró de que la tía de una amiga suya ganaba 75.000 ¡despachando billetes en el metro!  Ya entonces el "misterio de los salarios patrios" era para mí motivo de reflexión, sobre todo porque en la casa familiar el "sobre" con el salario del padre, que se guardaba en el armario de su dormitorio, junto a la pistola, por cierto…,  jamás en una entidad bancaria, nunca llegaba con sobrante a final de mes, y si había por medio alguna compra imprescindible, de esas que antes eran "de primera necesidad" y que ahora parecen "de último capricho" (los de tantos y tantas consumistas que llenan su ocio con actividad tan deleznable), no había más remedio que pedir un anticipo. En la era de la hiperinformación, de la glasnost, de la transparencia, de las "nóminas de los políticos sobre la mesa", el misterio del salario de los amigos y vecinos, y hasta de los familiares, constituye un enigma que no lleva trazas de ser resuelto. Socialmente se considera una impertinencia y una grave falta de educación hacer una pregunta como: "¿Y tú cuánto ganas al mes?" Y si alguien se atreve a formularla, no es extraño que se encuentre con un: "¿Y a ti qué te importa?" que aborta la conversación de forma expeditiva, seca, malencarada y definitiva. Hay personas para quienes la violencia de una respuesta así les resulta imposible de ejercer y, delatándose con una sonrisa conejil, se escabullen con un "mucho menos de lo que tú te imaginas", que nos fuerza a multiplicar por 2 o por 3 lo imaginado.
          Ignoro si en todos los países sucede lo mismo, pero tengo la impresión -corroborada por años y años de reflexión y conocimiento de datos al respecto- de que la anárquica estructura de sueldos o ingresos de nuestro país refleja una realidad social en la que la formación apenas cuenta para establecer expectativas razonables sobre lo que un trabajador puede llegar a cobrar según sea su formación. De hecho, no deja de ser una de las grandes ironías de nuestra organización social que un buen número de nuestros investigadores, de cuyo trabajo depende en buena medida el desarrollo económico del país, formen parte del ejército de mileuristas, si es que llegan. Todos solemos ser muy reacios a confesar nuestros ingresos: nos parece un acto de nudismo exhibicionista. Si cobramos poco, porque no queremos airear nuestras miserias; si cobramos mucho, porque no queremos ofender a los que cobran menos y están cerca de nosotros. Pero lo objetivo es que en ningún otro país como el nuestro dista tanto lo que se cobra de lo que se merece cobrar en función de la formación y de la dificultad intrínseca (tecnológica o intelectual) del trabajo en sí. Por otro lado, y no es el menos importante, hemos de considerar el nivel de las retribuciones en función de la responsabilidad que se asume. Un caso paradigmático es el del presidente de gobierno cuyo sueldo, 79.756€ anuales, es amplísimamente inferior a lo que gana el fugado Puigdemont: 145.000€, teniendo en cuenta el muy diferente nivel de responsabilidad de cada uno de ellos. De ese tenor podemos multiplicar los ejemplos y, según el caso Bárcenas, también las corrupciones. Quienes viven del sueldo de funcionarios saben bien el escaso valor  que ha tenido siempre su sueldo, en comparación con la "empresa privada", por más que ahora, en tiempos de crisis, a todos les parecen "un lujo" esos sueldos públicos. Ya nadie parece querer acordarse de cuando un encofrador, en los buenos tiempos del ladrillazo, ganaba su hermoso millón de pesetas mensuales. Sí, necesitamos una revolución copernicana en la estructura laboral de retribuciones. La ley de la oferta y la demanda, tan importante, no puede pasar por encima del mérito, de la formación, de la competencia y de la responsabilidad. ¡Cuantísimo caudal humano no se ha llevado por delante la ceguera de nuestros políticos! ¡Cuantísimos jóvenes, para quienes el estudio ha sido, es y será una auténtica "bicha", acaso por influencia del medio social en que viven, no son ahora ni-nis patéticos que acaso tendrán que ir pasando de subvención en subvención hasta la jubilación final con una paga de miseria. Casi casi es aquella chistosería del vivir de los padres hasta poder vivir de los hijos, que se proclamaba como el ideal de la pigricia patria...   

viernes, 2 de febrero de 2018

Viajar, ver, y meditar.

Distancia, estancia y prestancia...


Desde 600 kilómetros, en la fera ferotge del nacionalismo catalán, aún se ven más minúsculas las totalitarias esperanzas de quienes aspiran a mandar sin otro control que una posible constitución cortada a la medida de las aspiraciones uniformizadoras de quienes limitan sus expectativas políticas con el odio, el afán de imposición y la arrogancia de quienes se creen superiores y poco menos que un pueblo escogido. Madrid es una metrópolis que, comparada con la capital del Principado, impresiona lo suyo. Desde allí, todo lo nuestro de acá se ve como empequeñecido, como si de Villar del Río se tratara. Las soflamas sobre el gobierno de "los mejores", sobre la superioridad innata de "lo catalán" respecto de los pobres "aldeanos" del resto de la península resultan no sólo patéticas, sino propias de un sainete de los que escribía Silvia del Río, referencia ésta que pocos nacionalistas de esos setciències de aldea como el alcalde de San Vicenç dels Horts sabrán descifrar sin mucho apoyo documental de Google. Desde la cutre capital del Reino, con una estética municipal que tira de espaldas, unas calles llenas de socavones, casi como en los años sesenta, prueba magnífica de la tradición secular de la incuria municipal, aún destaca con mayor intensidad la amanerada gesticulación estética de quienes se consideran el ombligo del mundo desde su insignificancia política y su declive económico, alentado por sus políticas de segregación lingüística y política. Desde el Museo del Prado, desde el gigantismo del complejo Ferial Juan Carlos I, desde la cordialidad hospitalaria a la que se han rendido todos los aguerridos emisarios nacionalistas que han pisado sus calles, desde la Rahola hasta el Ridao; desde el Thyssen y el Princesa Sofía, desde Els Joglars, desde el turismo masivo que escoge una de las principales ofertas pluridisciplinares del país, y, sobre todo, desde las torrijas, invento soberbio con el que apenas pueden competir los panellets; desde toda esta distancia y estas realidades, ¡qué insignificantes se ven las arrogancias catalanas separatistas, qué pobre su promesa de futuro independiente, qué sosa su uniformidad al son del flabiol! ¡Deberíamos trasladar Cataluña 600 kilómetros para oxigenarla y devolverla, después, remozada y con nueva savia, a su lugar original!  

domingo, 28 de enero de 2018

El arte desmesurado, íntimo y sobrecogedor de Lita Cabellut...


La pintura psicológica de una discípula ejemplar de Goya y Bacon: Lita Cabellut o el poder conmovedor de la delicadeza psicológica y el trazo magistral.

Descubrí a Lita Cabellut en un reportaje que le hicieron en El País, pero, por la suerte de feliz aislamiento en que vivo, no me enteré de que el Espai Volart exhibía una retrospectiva generosa de la artista hasta que mi buen amigo Josep me la comentó entre gigantescos signos de admiración. El otro día fui a ver cómo era con mi amigo Joaquín, para tener un primer contacto y ver si merecía la pena una visita detenida. La hice, con mi Conjunta, al día siguiente, provisto ya de los útiles de escritura donde intentar reflejar, con poca fortuna, las profundas impresiones que me causó el arte de esta pintora catalana universal. La vida personal de la artista nacida en Sariñena (Huesca) es un autentico drama social con final feliz, tras ser adoptada por una familia catalana que después se trasladó a Holanda, donde la artista se ha desarrollado plenamente, aunque su primera exposición la hizo en El Masnou. Sus duros orígenes están muy presentes en su obra, porque hay en ella una aproximación a lo que genéricamente podríamos llamar "la herida de vivir" que se aprecia en su tendencia a la deformación grotesca de los cuerpos, acentuada por el gigantismo del formato en el que ha escogido realizar su arte. Sorprende, además, en esas dimensiones que tanto se imponen al espectador, la maestría en el trazo, capaz de reflejar detalles psicológicos muy sutiles de los retratados, porque su especialidad es el ser humano contemplado desde todas las perspectivas imaginables, y sin excluir algunas composiciones en forma seriada, normalmente de cabezas, a menor escala. Así que se entra en la exposición, lo primero que sorprende es la estrecha relación que hay entre Bacon y ella, una relación que ni niega ni esconde, del mismo modo que es fácil identificar la de Goya o la de Lucien Freud, sin descartar esos segundos planos tan cercanos a Tàpies, por ejemplo. Lita Cabellut es una mujer de nuestro tiempo, lo que en ella significa una atención al arte y a la modernidad que tanto la lleva a dedicar una serie de cuadros a Frida Kahlo,  a don Quijote a Sancho y a Dulcinea, como a figuras representativas de la modernidad: Coco Chanel, Camarón de la Isla, Freud, Einstein, etc.; que tanto explora la vigencia de los clásicos de la pintura flamenca, como el cuadro Justus Quellinus, entre Erasmo y Tomás Moro  o la del barroco español, Velázquez y Las meninas, como, al mismo tiempo, es capaz de bucear en la pintura alegórica, como el magnífico cuadro dedicado al poder económico, El capitalista, cuyo representante aparece delante del reloj del clásico lema: "el tiempo es oro" Lo importante de esta exposición es la capacidad de la artista para sorprender al visitante, no solo por las dimensiones usuales de sus cuadro, sino, sobre todo, por su sentido de la composición, de la escenografía, y de la poderosa intensidad de todas las pinturas sin apenas excepciones. Supongo que podrá hablarse de "épocas" en su producción, porque hay un abismo entre la serie Disturbance, por ejemplo, y los cuadros que reciben al visitante, muy apegados aún al eco de Bacon, por ejemplo. A mí me han gustado más esos cuadros deformados en los que cuesta trabajo identificar la figura, porque, una vez identificada, la galería de emociones que es capaz de "fijar" la artista , como en  Happy few, es de una penetración psicológica más que notable. 

Defensora de las mujeres fuertes, pero sin ignorar sus fragilidades, la obra de Cabellut tiene en la mujer casi una suerte de icono, a juzgar por el mimo con que la lleva a sus lienzos. Acaso haya una suerte de idealización de "lo femenino", porque la expresión de Dulcinea, que vale tanto como un "Yo sí que sé quien soy, y no tú viejo botarate", que parece decirle al Caballero de la Triste Figura, a quien pinta más como Diógenes buscando un hombre que como ardiente defensor de las causas justas y leal amador.

 En cualquier caso, lo que va más allá de los gustos es la maestría de la pintora en el uso del color, de la composición y en la sabiduría pictórica con la que logra no dejarnos indiferentes ante ningún cuadro suyo. Los vivísimos colores que prodiga Cabellut, con una predilección por el rojo muy vivo y por los blancos de albayalde en los que emergen rostros que van desde el escepticismo hasta la mirada interior  o el desafío a los espectadores, como el de esa mirada enigmática y seductora de El secreto detrás del velo , una pintura, por cierto, en la que las mariposas del estampado del vestido parece que hayan emprendido el vuelo...

En fin, no quiero ponerme pesado, porque hablar de lo que no se ve es como tararear con mal oído La flauta mágica. Yo no quería perdérmela, y espero que otro tanto les ocurra a quienes lean estas líneas, si haylos.

martes, 23 de enero de 2018

Barcelona y sus barbaroi...


Del Titànic de Azúa al ocaso del cosmopolitismo.
La cosmopolita ciudad de Barcelona, como la república de Weimar frente a la barbarie, está siendo asediada por las hordas nacionalistas que pretenden acabar con los barbaroi que llevan instalados en ella desde cuando no se contabilizaba el paso del tiempo. Políticos deshonestos, rapiñadores y totalitarios, abrazados al martillo de herejes y barbaroi que es el nacionalismo excluyente (tautología que utilizo para quienes acaso piensen que la publicidad de la condición "abierta e integradora" del nacionalismo tenga algún viso de racionalidad) pretenden construir, no se sabe si mediante un "golpe de estado" o mediante "un estado que dé todos los golpes" (como amenazaba el jefe de la policía autonómica), y ya se sabe en la cabeza de quiénes, una Barcelona monolingüe, mononacional, monopatriótica, monofolclórica y monoinformativa, con un modelo autárquico que no tardaría ni un lustro en quitarle a la actual ciudad políglota y multicultural todo el lustre del que ha disfrutado hasta que la ola nacionalista se ha encargado de oscurecerla con los tonos grises del pensamiento atávico y la rigidez mistico-cuartelaria de la subordinación al dios sanguinario de la patria. Barcelona es, hoy por hoy, una ciudad en peligro. El desierto aldeano de la Cataluña eterna, carlista, meapilas y trabucaire, busca apoderarse de su vida metropolitana para convertirla en la expresión irracional de una capital rural que fundamente su dominio en la consecución de esos sueños adolescentes de la unidad, forzada, de los imposibles Países Catalanes. ¿Dejaremos que los partidos pardos humillen a Barcelona? ¿Permitiremos que la noche medieval de los delirios milenarios caiga sobre ella? Hago un llamamiento a losbarbaroi barceloneses para oponernos a destino tan aciago. ¿Nos resignaremos ante una inmersión que ahogue el mestizaje y cree castas lingüístico-patrioticas? Sí, Barcelona, hoy por hoy, descabezada en su propio gobierno municipal, con una alcaldesa que solo defiende su propia incierta supervivencia, obsequiosa con la voracidad pseudomitológica del vecino de enfrente, es una ciudad en peligro de muerte política y cultural.

jueves, 18 de enero de 2018

Dos viejos amigos viejos hacen camino al andar...


El delta del Llobregat o la naturaleza encajonada...
Coincidimos, Jose(lu) y yo, en las oposiciones a Secundaria en el 82 y acabamos compartiendo destino en Berga, donde nos conocimos y donde iniciamos una amistad que aún hoy dura. Él es un caminante nato, yo un corredor de fondo. Son dos especialidades muy distintas, y, tras nuestra excursión hoy de cuatro horas y media al fallecimiento y desaparición del Llobregat, más que a su desembocadura, porque propiamente no acaba de "entrar" el río en el mar, he podido comprobarlo al llegar a casa: ¡estoy muerto!, con tensiones en el sóleo de la columna derecha, y un dolor difuso en el talón de la izquierda, donde, en su tiempo, hubo un espolón del que me tuve que operar porque se había vuelto en exceso agresivo.  Repuesto con una ensalada y dos filetillos de gallo, bruixa en catalán, que ya son distancias léxicas, me he quedado dormido ante un horripilante film de Donen, Al diablo con el diablo, y heme aquí dispuesto a confesar una cierta decepción caminera por el resultado de la misma y un gozo enorme por haber podido compartir la caminata -viajata...acabo de leer en Galdós- con un viajero excepcional como Jose, quien con sus anécdotas de viaje y sus experiencias lectoras, Vida y destino, de Grossman, ha sido la última, ha conseguido no solo que la caminata haya sido amena y provechosa, sino que se haya hecho corta, a pesar de la distancia que hemos recorrido. Después de dejar atrás el campo del RCD Espanyol -edificio del que aún se oían los ecos festivos de la victoria ayer sobre el eterno rival, el FC Barcelona, hemos cruzado autopistas y la vía férrea para pasar a la orilla derecha del río, mirando hacia el mar, y adentrarnos en ese sorprendente espacio agrícola donde se cultivan las sabrosas alcachofas del Prat, que no sé si son denominación de origen, pero deberían serlo, si no lo son ya. Por una senda bien marcada, hemos ido dejando atrás la zona industrial de Cornellà y, aunque aún hemos tenido que pasar por debajo de dos autovías enormes, la última la de Castelldefels, que es la salida natural de la ciudad hacia las terminales 1 y 2 del aeropuerto de El Prat, la sensación de estar integrados en un ecosistema agrario que nada tenía que ver con la gran metrópolis no nos ha abandonado nunca. El día ha sido luminoso, pero frío. La buena marcha que llevábamos nos ha guarecido perfectamente de cualquier atisbo de pasar frío. El río, después de sortear un terreno lleno de islotes poblados de cañaverales, se ha como concentrado en sí mismo, en su destino de río, pronto a fenecer en el mar y ha adquirido una fisonomía de río mediano, que es a lo que el aprovechamiento de su caudal lo reduce. A medida que nos acercábamos al mar, han ido desapareciendo las pocas fábricas que aún jalonan su lecho, prestas a competir con el agro para el aprovechamiento de sus aguas. Muy cerca ya de la desembocadura, el vuelo algo más que rasante de los aviones que aterrizaban centenares de metros más allá, como si lo fueran a hacer en los campos de lechugas y alcachofas, imponía su presencia sonora y visual, siempre capaz de impresionar a quienes tan de cerca los ven como nosotros los hemos visto. Diríase que alargando el brazo pudiéramos sentir el roce frío de su duro y brillante buche metálico... Nos hemos asomado a un mirador, antes de llegar a la playa, y hemos visto unos caballos en la orilla, lo que me ha traído a la memoria la excursión por Doñana que hicimos el verano pasado, y que el pobre Jose ha tenido que soportar con su probado estoicismo, aunque he tratado de ser tan lacónico como la frecuentación de Gorjeolandia me ha permitido. Habría aves, sin duda, pero no llevábamos prismáticos y hemos decidido seguir nuestro camino. Al poco hemos llegado al mirador elevado que se abre a lo que propiamente yo esperaba como desembocadura "solemne" del Lobregat: ese momento en que las aguas diversas se reúnen en un abrazo de líquida solidaridad, pero no ha habido tal: una playa virgen, eso sí, donde está prohibido el paso a las personas, bajo multa de 100€, pero ni rastro del torrente (mi imaginación añadía "impetuoso") que imaginaba reuniéndose con el mar. Mi imaginación -¡qué mala compañera para según qué viajatas, y aun hasta viajes!- volaba constantemente a ese dato espectacular de la desembocadura del Amazonas: el río se adentra, allí, con su caudal dulce, durante casi 100 km en el mar...
He tenido que torcerle el cuello al recuerdo y traer en su lugar el de la desembocadura del Besós, a la que llegamos corriendo Josep y yo, desde Santa Coloma por la urbanizada orilla izquierda del río. Y allá se iban una y la presente, desde luego..., en cuanto a desdoro mortuorio. Después nos hemos acercado a las ruinas del edificio de carabineros, una suerte de vigilancia costera creada en el XIX, para múltiples usos, y, finalmente, al mirador del Semáfor, también en ruinas, como nos gusta a quienes, como Jose y yo, vemos en ellas, herencia del Romanticismo, mucho más de lo que veríamos si estuvieran en activo.
El recorrido, insisto, por campos donde algunas masías daban a entender que nos hallábamos en un paisaje interior de la Cataluña agrícola, ha sido placentero y relajante para unos urbanitas confesos.
Entre películas y novelas, entre anécdotas íntimas, confidencias propias de la amistad profunda, y recuerdos profesionales, hemos desandado el camino no sin antes hacer la parada obligatoria para un tentempié, el suyo sólido, el mío líquido, que nos ha permitido llegar, cansados pero enteros, al origen de nuestra modestísima aventura. Ha sido curioso y atractivo, entre esas agresivas heridas que las autovías infligen al territorio, ir descubriendo paisajes, tan de mañana casi en soledad, porque han sido pocos los excursionistas con quienes nos hemos cruzado, y descubrir, hacia el final, por ejemplo, un pastor con su rebaño de ovejas, como si  siguiera una antigua vía pecuaria..., ajeno al entorno hostil del incesante tráfico rodado, las chimeneas infatigables de las fábricas y el estrés de la vida urbana en general, del que huíamos quienes, corriendo, en bicicleta o andando, disfrutábamos de una luz espléndida, un sol tibio y un cierto gris que corría...

Y, de vuelta, siempre, a lo lejos, Montserrat, envuelta en niebla y ficción....